El universo de Harry Potter siempre está de actualidad. Da igual que hayan pasado casi veintiocho años desde la publicación del primer libro, es una fuente inagotable de nuevos productos y contenidos que a veces llegan de las formas menos esperadas. La muestra más reciente: una fiebre sin precedentes por los fanfics protagonizados por Dramione, la pareja no canónica formada por Draco Malfoy y Hermione Granger.

¿Qué tendrá Dramione que engancha? No os lo puedo decir a ciencia cierta. Todavía no he leído ninguno de estos textos, ya que la intención de esta publicación no es comentarlos ni valorarlos, como veremos enseguida. Pero apuesto a que tiene algo que ver con la fórmula infalible chico-malo-atormentado-y-chica-buena-académicamente-prometedora-pertenecientes-a-bandos-enemigos-se-enamoran (con una pizquita de diferencia de clases). Sin desmerecer, en ningún caso, el papel que seguramente habrán desempeñado la inventiva y la pluma de las autoras.

Sea como sea, el éxito es tal que a algunas editoriales les ha faltado tiempo para ofrecerles un contrato de publicación a las responsables de las obras más populares. Así, en los próximos meses saldrán al mercado literario:

  • The Irresistible Urge to Fall for Your Enemy, de Brigitte Knightley (basada en Draco Malfoy and the Mortifying Ordeal of Being in Love)
  • Rose in Chains, de Julie Soto (basada en The Auction, ya retirada de Archive of Our Own)
  • Alchemised, de SenLinYu (basada en Manacled, también retirada de Archive of Our Own)

Fue esta última la que desató la euforia en un principio y la que, en estos momentos, está generando más debate. Su versión original dependía en gran medida no solamente de elementos del Wizarding World, sino también de El cuento de la criada (Margaret Atwood, 1985). Por este motivo, voces críticas han puesto el grito en el cielo sobre cuestiones de propiedad intelectual y originalidad.

Desde un punto de vista estrictamente literario —si el nombre del blog fuera «Lucía y la abogacía» sí que entraríamos al trapo de la legalidad—, lo que puedo decirles a estas personas es que deberían irse acostumbrando

Porque esto ni es la primera vez que pasa ni será la última. De hecho, la escritora estadounidense Rainbow Rowell ya hizo algo muy similar en 2015, solo que con mucha menos repercusión al no tratarse de un texto sacado directamente de internet. En su novela Fangirl (2013) acompañamos a Cath, una universitaria que adquiere fama en la red como autora de un fanfiction inequívocamente inspirado en Harry Potter y, más concretamente, en la pareja no canónica formada por Draco y Harry —rebautizados como Baz Grimm-Pitch y Simon Snow, respectivamente, con cambio de look radical incluido. 

Fangirl contiene fragmentos de dicho fanfic, y estos gustaron tanto a los fans que clamaron por la publicación del texto íntegro. El resultado: Moriré besando a Simon Snow. Una obra en la que el Wizarding World es reconocible pero está lo suficientemente alterado como para evitar problemas legales. Cualquiera que haya sentido la preocupación de que salte el control antiplagio en la entrega de un trabajo académico entenderá el proceso.

Este tema no solo afecta a Harry Potter. La hipótesis del amor (Ali Hazelwood, 2021), uno de los primeros títulos —si no el primero— que abrió la veda de la viralización en BookTok, era en sus orígenes un fanfiction de Rey y Kylo Ren (Star Wars). Y por si a alguien no le sirve la ilustración de la portada como prueba: el protagonista masculino se llama Adam, como el actor que interpreta a Kylo Ren en las películas. (x)

2024 nos trajo dos grandes eventos culturales de este tipo para añadir a la lista. Uno de los taquillazos del año, Wicked: parte uno no es solamente la adaptación cinematográfica de un musical emblemático de Broadway. Ambos dos están basados —muy libremente, por lo que he podido averiguar— en las memorias ficticias de la malvada bruja del Oeste, recogidas en la novela homónima de 1995 con la que Gregory Maguire expande el canon de El maravilloso Mago de Oz (L. Frank Baum, 1900).

Por otra parte, en 2024 tuvo lugar la publicación de la novela del momento, cuya lectura tengo pendiente para este año: James, de Percival Everett. Narra Las aventuras de Huckleberry Finn (Mark Twain, 1884) desde el punto de vista de Jim, el esclavo negro, y lleva camino de convertirse en un fenómeno similar al de Wide Sargasso Sea (Jean Rhys, 1966).

Y es que Wide Sargasso Sea se ha consolidado como complemento indispensable de Jane Eyre (Charlotte Brontë, 1847). Otorga nombre, voz y profundidad a la mujer loca y racializada que Rochester esconde en el ático en el clásico de Brontë; en este rasgo converge con Wicked y también, hasta cierto punto, con James. No entro en más detalles porque el tema da para otra publicación entera.

Como veis, el fanfiction se esconde donde uno menos se lo espera. ¿El hecho de que se haya normalizado la publicación tradicional de este tipo de obras justifica su uso de ideas y creaciones ajenas? No es fácil dar una respuesta contundente. La realidad innegable es que ya está todo inventado.

Las grandes editoriales cada vez se parecen más a firmas de fast fashion y actualmente se están publicando historias «originales» que están tan cerca del plagio como algunos fanfics. Acercaos a cualquier sección de novedades y veréis como muchos de esos libros se parecen peligrosamente a otros anteriores o contemporáneos que ya han demostrado tener éxito. El dinero mueve el mundo y la industria literaria no es una excepción. Apostar por propuestas más atrevidas que se desvíen de las fórmulas testadas supone una inversión económica arriesgada.

Por otro lado, hay autores de fanfiction que se aventuran fuera de los límites del canon y llegan tan lejos que crean historias con personalidad propia a pesar de los elementos prestados. Resulta hipócrita poner solamente algunas obras en entredicho alegando cuestiones de propiedad intelectual. Aunque la obra original pertenezca al dominio público o ya no quede nadie vivo que pueda interponer una demanda, una idea ajena es una idea ajena.

La crítica es unánime en su aclamación de los tres últimos libros que he mencionado; sin embargo, los de Dramione con los que abríamos la publicación levantan ampollas. Esto parece dar a entender que existe un fanfiction de primera calidad literaria —para el que se prefieren términos como retelling o prescindir de etiquetas por completo— y otro de segunda, más comercial y por tanto carente de ella.

Personalmente, tengo curiosidad por leer estas novelas inspiradas en Harry Potter que se publicarán próximamente. Quizás me veáis reseñándolas en Instagram para finales de año. Hasta entonces, seguiré proponiéndoos temas que nos hagan ejercitar el pensamiento crítico.

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L. R. Martín

A los siete años mi madre me sacó el carnet de la biblioteca municipal y aquí estamos. Graduada en Estudios Ingleses, con un Máster en Traducción y formación en Marketing Digital.