¿Quién no ha oído hablar de William Shakespeare? Obras como Romeo y Julieta o Sueño de una noche de verano son conocidas, aunque sea solo por el nombre, por todo el mundo. Sin embargo, existe una parte de la producción del dramaturgo más opaca y mucho menos conocida para el público general. Se trata de las obras que dedicó a personajes históricos de la antigua Roma, como es el caso de The Tragedy of Coriolanus (ca. 1605 – 1608).

No os voy a engañar, yo me enteré de la existencia de esta obra cuando Tom Hiddleston —actor que interpreta a Loki en el universo Marvel— protagonizó una producción teatral en 2014. Las fotos promocionales de aquello todavía viven un poco rent-free en mi cabeza.

En fin, muchos estudios de Humanidades y dos lecturas de Balada de pájaros cantores y serpientes (Suzanne Collins, 2020) después, me dio por pensar que igual el uso de nombres en latín para ciertos personajes y lugares en el universo de Los Juegos del Hambre tenía un por qué.

Sí lo tiene, y lo vamos a ver en detalle.
¡Atención spoilers si no habéis leído el libro!

En la introducción a la edición de The Pelican Shakespeare, Jonathan Crewe explica que The Tragedy of Coriolanus se basa principalmente en la vida de Caius Martius Coriolanus, recogida por el historiador Plutarco y traducida por primera vez al inglés por Sir Thomas North en 1579. Caius Martius se ganó el cognomen Coriolanus tras su heroica participación en la toma de Corioles, una ciudad enemiga de Roma. Coriolanus Snow no tuvo que ganarse su nombre en batalla, aunque sí tuvo que luchar por su apellido. En Balada de pájaros cantores y serpientes —la precuela de la trilogía Los Juegos del Hambre, que protagoniza— lo único que le queda a la familia Snow son las apariencias. Pero antes de entrar en ese tema, vamos a detenernos en los nombres.

Los nombres tienen mucho peso en ambas obras como símbolo de la transformación personal de sus personajes. Así, al principio de la obra de Shakespeare tenemos a un protagonista llamado Caius Martius, que pasa a llamarse Coriolanus en conmemoración de un hito personal y que, hacia el final de la obra, manifiesta no querer que se le llame por ningún nombre hasta que complete su venganza sobre Roma (cosa que nunca llega a suceder).

En Balada empezamos con Coryo, un apodo cariñoso y cercano, reservado para familiares y amigos de la infancia. Coryo se va solapando con Coriolanus y otros hasta el epílogo, donde regresa al Capitolio y termina por convertirse en Snow. Este último refleja el paso de la infancia a la edad adulta, con la pérdida de la inocencia que esto conlleva, y adelanta el despiadado presidente en el que se convertirá años después. Es también una declaración: aunque se haya convertido en el nuevo heredero de la familia Plinth, nunca los considerará familia. Siempre será un Snow. 

Huérfano de padre y madre, el personaje de Suzanne Collins se cría bajo la influencia de su abuela, quien representa los valores más elitistas y acérrimos al Capitolio. Es de ella de quien aprende la importancia y la necesidad de mantener siempre las formas y las apariencias, a las que se aferra desesperadamente durante la guerra como forma de conservar la humanidad. Quizás es gracias a eso que su balada no termina en tragedia como le ocurre a su tocayo shakespeariano.

Coriolanus Snow es un hipócrita cuyo monólogo interno no se cansa de demostrarnos cómo piensa una cosa y dice la contraria, un rasgo estrechamente ligado a su instinto de supervivencia. Si termina condenado a una especie de exilio hacia la mitad de su historia, igual que el de Shakespeare, no es por sincericidio. Al contrario: es la exposición de sus trampas —algo que debería haber permanecido oculto y en secreto— para ganar los Juegos del Hambre lo que provoca este resultado.

El Coriolanus romano, en cambio, se caracteriza por su incapacidad de ocultar «su corazón», es decir, sus verdaderos sentimientos. El más predominante entre estos es una aversión absoluta por el populacho romano, causa directa de su exilio y posterior ruina. Para él, interpretar un papel, aunque sea por su propio bien, es algo impensable, equiparable a prostituirse. Y hablando de comparar intérprete con prostituta… Snow cuestiona la moralidad de Lucy Gray, la tributo que le asignan para participar como mentor en los Juegos del Hambre, con insinuaciones similares cuando ella interpreta una de sus canciones de temática amorosa. Volveremos a ella en un momento.

Antes tenemos que detenernos a observar cómo Suzanne Collins demuestra en Balada que la elección de su Coriolanus resulta ser la correcta. «Cabeza» por encima de «corazón» no solo se traduce en supervivencia, sino que también se premia con todo aquello que el personaje siempre había deseado. 

Solo sacrificando tu parte más emocional se puede sobrevivir en la Panem gobernada por el Capitolio, que es una réplica de la Roma retratada por Shakespeare. Para reforzar esta idea, Collins se hace servir de los padres de Coriolanus Snow, muy presentes en la narrativa a pesar de llevar años muertos. Uno de los temas centrales de Balada es el debate interno de su protagonista entre el consuelo infantil que le proporcionan los polvos con aroma de rosas que utilizaba su madre —objeto simbólico al que se aferra al principio y del que las circunstancias le van obligando a desprenderse a medida que avanza la trama— y la frialdad de su padre, cuya brújula —tanto literal como figuradamente— termina atesorando durante y después de una escena demencial cerca del final de la novela. 

No comete el error de su tocayo shakespeariano, quien escoge a su madre tras un lacrimógeno discurso con el que busca persuadir a su hijo de que desista en su venganza contra Roma. Esta traición a los enemigos de Roma, con quienes se alió Coriolanus durante su exilio con el objetivo de tomar la ciudad, la termina pagando poco después con su propia vida, muerte que pone el punto final a la obra.

A propósito de la madre de Coriolanus: su nombre es Volumnia. Me costó un poco establecer la conexión entre ella y su equivalente en Balada, ya que es alguien cuyo nombre de pila apenas se menciona: la Dra. Volumnia Gaul. Salvando las distancias, la caracterización de la Dra. Gaul también es muy similar a la de su equivalente romana. En un punto de la obra de Shakespeare, un par de personajes se alejan de ella al verla venir, argumentando que se rumorea que está loca. Al principio de la novela, Tigris —prima de Coriolanus Snow— aconseja a su primo evitar a la Dra. Gaul en la medida de lo posible, por razones casi idénticas. Coriolanus lo intenta, aunque sin éxito, ya que es un personaje cuya participación es crucial para el desarrollo de los Juegos del Hambre, en los que él participa como mentor. 

Además, en la introducción a The Tragedy of Coriolanus, Jonathan Crewe describe a Volumnia con un adjetivo muy acertado que se puede aplicar a ambas: manipuladora. Las reflexiones y debates que plantea la Dra. Gaul ante los alumnos de la Academia evidencian su voluntad de moldear sus mentes. La atención especial que le dedica a Coriolanus es indicativa del potencial que ve en él, y se dedica a explotarlo durante las muchas conversaciones privadas que comparten en su laboratorio. Con este escenario de fondo, se podría decir que su pupilo más prometedor se convierte en uno más de sus experimentos, aunque parte de las ideas que ella le anima a explorar ya estaban en su cabeza. 

Nos habíamos dejado a Lucy Gray en el tintero. Hemos empezado diciendo que los nombres son muy importantes, y el de ella no iba a ser menos. Todos los miembros de su variopinta familia tienen un color en su nombre y el suyo no es otro que el gris. 

Tanto el Coriolanus de Shakespeare como Coriolanus Snow se caracterizan por mentes extremistas que solo conciben las cosas en absolutos. Por eso Lucy Gray —que no tiene equivalente romana— se convierte en una presencia tan perturbadora en la vida de Snow, ya que representa la escala de grises que tanto conflicto genera en su mente: ni chica de Distrito ni chica del Capitolio; pájaro cantor y serpiente al mismo tiempo. Ella tiene lo mismo que le horroriza sin motivo aparente del sinsajo, un tipo de ave completamente nueva surgida de la mezcla de una creación del Capitolio con una especie salvaje característica de los Distritos. A Coriolanus le resulta antinatural porque escapa al control del Capitolio y, como tal, supone un peligro para el orden establecido. 

Este recelo quedará para siempre cristalizado con la inquietante salida de Lucy Gray de la narrativa. A los complejos matices de la existencia de la tributo que enumerábamos unas líneas más arriba se une otro más: ni viva ni muerta; eterna incógnita de la que Snow nunca podrá escapar. Y es que Lucy Gray, como cuentan en la propia novela, hereda su nombre completo de un poema de William Wordsworth que trata sobre el misterioso fallecimiento de una niña. 

Llegados a este punto, si habéis leído Balada o visto la película, os preguntaréis «¿y qué pasa con Sejanus Plinth?». Pues bien: Sejanus Plinth es un impostor.

La familia Plinth no es natural del Capitolio, sino que procede de los Distritos. De uno de los Distritos más privilegiados, todo sea dicho, pero eso poco importa para la mente extremista de Coriolanus Snow. Él no los considera parte de su mundo y punto.

De hecho, los personajes históricos que comparten nombre con Sejanus y su padre, Strabo, no se encuentran en The Tragedy of Coriolanus. Ellos forman parte de la obra del otro gran dramaturgo de la época de Shakespeare, si bien mucho menos conocido: Ben Jonson. En Sejanus, His Fall (1603), Jonson retrata a Lucius Aelius Sejanus como alguien sin escrúpulos, dispuesto a hacer lo que sea —envenenar, seducir, engañar— para acabar con quienes considera sus enemigos en su ascenso al poder. ¿Os recuerdan a alguien estos rasgos? A Sejanus Plinth seguro que no. Él es bondadoso y firme en su rechazo al poder de su familia y al régimen del Capitolio, cuyos valores denuncia abiertamente aun a riesgo de ser considerado simpatizante de los rebeldes. Como hemos visto antes, tener demasiado corazón no te lleva muy lejos en un mundo como este, y menos aún teniendo «amigos» como Coriolanus Snow, cuya traición sentencia a Sejanus a la horca al final de la novela.

El Sejanus romano no corrió la misma suerte, pero se cuenta que en cierto punto de su vida terminó siendo adoptado por una familia que no era la suya. A sus 18 años, Coriolanus Snow manifiesta ser demasiado mayor para ser adoptado, pero la familia Plinth insiste en nombrarlo heredero de su imperio armamentístico como agradecimiento por haber sido un apoyo constante en la vida de su atormentado hijo. Así, se cierra el círculo y Snow ocupa el lugar que, en secreto, siempre pensó que le pertenecía más que al difunto Sejanus. Todas sus elecciones, por cuestionables y despreciables que puedan parecer, lo han llevado exactamente a donde siempre tuvo que estar. 

Referencias

  • Coriolanus. William Shakespeare. The Pelican Shakespeare. Edited by Jonathan Crewe.
  • Sejanus: His Fall. Ben Jonson. Project Gutenberg.

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L. R. Martín

A los siete años mi madre me sacó el carnet de la biblioteca municipal y aquí estamos. Graduada en Estudios Ingleses, con un Máster en Traducción y formación en Marketing Digital.